Bienvenidxs.


Karina Godoy.
24 años/Concepción Natal-Stgo Actual.

Actualmente...

lunes, 22 de agosto de 2016

Una amplia imaginación, un niña en edad biológica y promedio de acuerdo a su inocencia. Jugando con tierra y extirpando articulaciones a sus muñecas, sin ni siquiera entendiendo el precio de algunas cosas, porque la mayor parte del tiempo sólo entendió el valor de otras entidades, otras de mayor envergadura, menos objetivas, sino más bien subjetivas. El cuidado, el miedo, la cautela y un montón de esos sentimientos que desarrollas cuando te mandas los primeros tropiezos en la vida. 
Desde el dejar la vergüenza al decir, llorar o alegrarse con algo... al reprimirse por no preguntar, por miedo a increparte a ti mismo, por miedo a no conseguir eso que tanto pudiste haber deseado, siendo tan niña. 
Siempre te admiré, niña... siempre te sentí especial, y tan invaluable que ya sabía que tu destino iba a ser mucho llanto, porque simplemente la incomprensión externa y  esa pasión tan interna en ti, sólo iba a ser cuestión de salir y nunca dejarse silenciar o elegir siempre "el momento inoportuno" 
Pequeña... te quise tanto, siempre supe que íbamos a tener confrontaciones en donde la niña y la adulta iban a empezar a desordenarse, todos odiamos el desorden. Y simplemente,  madurar la idea de que quizás la pasión y la racionalidad no van juntas de la mano, ni mucho menos tomadas del pelo, peleando en todo el camino, a nadie le gusta ver a una niña peleando. Porque se pierden y se confunden y cuando eso pasa, la niña llora, porque la niña crece y vaya, no me gusta verte llorar, no me gusta ver como te lamentas, pequeña. 
"No crezcas" te decía en cada oportunidad que podía, "quédate aquí con el uniforme de la escuela, mira un par de comerciales chillones y ríete de lo más estúpido que puedas, habla horas y horas sin agotarte, conoce música para guardar en esos discos en donde podías guardar mil canciones para tu DVD, sal a esa laguna gigante cerca de tu casa, confórmate con un helado y si te da frío, pues te lo aguantas, porque jugando... todo ese frío pasa, pequeña" 
Y qué pasó ahora, ¿niña? ¿por qué crecer simplemente frenó todas esos espacios? Justificas todo con un "la vida cambia" "la vida se está poniendo dura" "la vida me duele" o "la vida me tortura". Por qué te tratas así ¿pequeña? ¿por qué simplemente te escondes tras años que tiendes a colocar como estandarte de tus justificaciones?. Te pierdo niña, te pierdo y me asusto. Extraño discutir contigo, niña... extraño decir que vuelvas, que ames y seas siempre esa niña. Esa que sólo guardaba aire, esa niña que sólo daba, esa niña que nunca escondía, esa niña que todo le sorprendía, y que todo le parecía inefable. 
Niña, vuelve... vuelve, mi niña.

Kari





A veces anhelo tanto que estés al lado mío, en silencio y mirando lo que hago sólo por curiosidad. Y es que este lugar es gigantesco y aunque ande en Islandia, aunque sea con todo, casa, perros y un bonito jardín, todo me parece gigante, hasta lo más pequeño me parece insuficiente y sin sentido con tu ausencia. La mayor parte del tiempo sigo soñando y prometiendome a mi misma que voy a volver y me voy a sanar de todo lo que me impidió demostrarte que podía ser irreemplazable. Pero no lo viste, lo reventé en ejemplos y morí en vida con una cantidad de emociones grandes y totalmente inefables. No tiene explicación, aún no me la puedo dar... Se supone que eramos todo, para mi fue un infinito, había mucho  Dios y con eso ya todo me parecía único e irrepetible y el día en que me enteré que simplemente era una molestia, simplemente me permití dejar morir más de la mitad de mi amor propio porque por encima de todo y de todos, tú eras  (y eres) la cúspide de mis deseos más lindos que he tenido en la vida, y es más... ¿por qué me duele? porque simplemente esta vida es una y es la única en la que me comprometí conmigo, sin esperar nada al poder amarte. 
 Porque lo eras y aún lo eres todo. La obsesión no es una condición enferma, he visto niños llorar porque quizás posesionan pero más aman su frazada al dormir, que la mano y pecho del cual dependen, porque odian sentirse solos, odian la oscuridad y odian sentir que en sus brazos existe ausencia y desgracia. 
Ese bebe, ese niño dentro mío aún reside. Con la diferencia de que no tengo necesidades de apego en ti como un objeto, sino algo que me proporciona y contribuye algo más infinito llamado "sentimiento de libertad" y claro, las diferencias entre personas existen, las necedades o el habla incesante destruyen muchas cosas o quizás no te regalan ni un grado de albedrío, según tú. 
Pero ... ¿qué pasa con los otros denominadores comunes? qué pasa si un día cierro los ojos y recuerdo el puro e invaluable aire del sur, del verte detrás de mi diciendo "queda poco, tranquila" o simplemente con tu cándido rostro diciendome en silencio "no sé qué te pasa ahora, pero sé que irá todo mejor". De esa libertad estoy hablando, de la libertad cuando siento amor, de la voluntad de poder dirigir aunque no te puedas dirigir a ti mismo primero, pero intentarlo. Porque simplemente amas, y porque darías lo que fuera para que esa persona no llore o sufra, que no lo pase mal ni que le falte algo, por que amas tanto que la protección muchas veces se confunde con opresión. Y he llegado a la vil conclusión que el amor, no es más que una libertad bajo condiciones. Y que no se tome como reglas, sino más bien condición de "condicionales" porque eso somos y por eso existen las diferencias, los celos o un montón de factores determinantes para decir si una relación va bien o va mal. Aún así, te recuerdo... porque has sido la única persona en el universo que es capaz de comprenderme, aunque sea a estricto rigor, frialdad o muchas veces con tonos pedantes que en su mayoría dejaban la paz en una batalla campal en cosa de minutos. Pero tú sabes, lo siento y ¿sabes por qué lo siento? porque siempre te siento, y no sé en qué estarás hoy o mañana. Pero de este amor que puedo dar a sínonimo de la libertad, siempre querré lo mejor para ti. Aún así, no te olvides que yo estoy aquí, en lo que sea... para ti. Porque lejos o cerca, eres mi espejo, porque tu misión siempre fue contribuir y no sabes cuanto lo agradezco. 
No puedo odiar, ni dejar mal, ni querer herir, ni querer llorar porque si... lloro lo que amo, porque sé amar de verdad.
Hoy mi pecho y mi cabeza lo malo y lo triste empezará a desechar y cuando escuche tu nombre, ahí te voy a bancar, porque sé que tu lo harías, sea como sea. Aunque todo ya no sea igual.

Te extraño, pero sólo me queda soltar. 



Kari.  




martes, 16 de agosto de 2016

"Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda porque sí; moriría si no cantase, moriría si NO cantase; el acontecimiento floreal del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas trascendentales epopeyas me definen, e ignoro el sentido de mi flauta, aprendí a cantar siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias, labores, zafias, cotidianas, prosaicas, y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar"




Le preguntaron cómo deseaba ser recordado una vez llegada su muerte.«Me es absolutamente indiferente», replicó. «Nadie se acuerda de mí... y eso que estoy vivo».Algunos, de vez en cuando, llevan flores al cementerio donde sus restos descansan dentro del nicho Nº 5469.Yo los observo desde el escepticismo: ¿qué significado tienen todas esas flores? ¿Respeto, duelo, arrepentimiento?¿Una purga de conciencia, superar el insomnio sin sentimientos de culpa?«No me recordéis como quién fui ni como quién quise ser», añadió. «Acordaos de quién soy».El cielo está cargado de nubes grises, compactas y oscuras; ha comenzado a llover. Mi nicho ha quedado desierto, Nº 5469.Flores que se pudren.




Hace muchos años hablé con "El Viejo de la Playa". Así lo llamábamos en el pueblo; vivía en la playa y se dedicaba exclusivamente a construir grandes y hermosas esculturas... pero lo hacía siempre cerca de la orilla, luego, cuando la marea subía, al anochecer, éstas se desmoronaban mientras él las contemplaba estoicamente.
Una de tantas tardes en las que fui a pasear, otro día en los que mi cabeza ardía por dentro lo vi, sentado, observando un fantástico y colosal castillo que había construido, uno parecido a esos que se salen en fotos del interior de la Alemania no metropolitana ni industrial.
Lo saludé y pedí permiso para sentarme a su lado; la marea aún no había subido.
— Mi nombre es Darío. ¿Cuál es el suyo, joven?
— Ahora mismo no lo sé. Dudo si mi nombre es una simple palabra más o si, realmente, significa algo; o alguien.
Se hizo un silencio. Darío era menudo, enclenque, pero sus manos eran grandes y fuertes; su piel, tostada y arrugada por el Sol, contrastaba exageradamente con la mía, pálida y lisa por la penumbra; mas para ser un hombre que vivía en la playa, su pelo cano y su barba estaban muy bien cuidados. Olía bien, su ropa estaba limpia, ¡quién diría eso de "El Viejo de la Playa"!
— Todo es efímero... —murmuré para mí mismo.
— Así es, joven sin nombre. Todo es efímero. Nada ni nadie dura eternamente.
Se hizo otro silencio.
— ¿Sabe, joven? Llevo años dedicado a lo mismo. Mis esculturas de arena. Uno se las apaña con unas pocas monedas al día, no necesito más. Pero deje que le diga lo siguiente: es usted el primero en comprender y expresar lo que ha comprendido de mis construcciones. Todo es efímero.
— Usted, Darío, es el primero que no me interroga cuando afirmo que no sé mi nombre ni lo que éste designa.
— Cada mañana despierto antes de que el Sol haga acto de presencia. No pienso, improviso tal y como me dicta el corazón. Y voy hacia la orilla, comienzo a jugar con la arena hasta que, al atardecer, doy por concluida mi obra. Hago esto con toda la pasión de mi espíritu, como si en ello se me fuese la vida entera. Al terminar, me siento tal y como usted está ahora sentado junto a mí... y observo cómo la marea destruye mi obra. Puedo parecerle un loco, pero es éste mi concepto de la belleza, el motor de la vida si me permite la metáfora. Entregar mi ser al momento, al ahora.
— Un filósofo francés, y disculpe si este comentario le resulta pedante, escribió en una de sus obras que existen seres humanos que coleccionan recuerdos materiales, como burgueses en soledad anonadados por su afán recolector, idiotizados tras una vitrina.
— Jean-Paul Sartre, joven. Habla usted de «La náusea».
— Efectivamente, Darío. A ese libro me refiero.
— Pero déjeme preguntarle algo, si no le resulta una desfachatez por mi parte; dejando a un lado lo que acaba de decir, sin Sartre, ¿qué opina usted de lo efímero?
Se hizo un nuevo silencio y tragué saliva.
— No sólo todo es efímero, sino que la más terrible y asimismo maravillosa característica de esta vida la nuestra es la fugacidad. Vivimos ahorrando, esperando algo mejor, a alguien mejor, como la hormiga previsora del cuento en contraposición al grillo. Incapaces de vivir plenamente el momento, ajenos a la posibilidad de que éste sea el último y nuestra existencia caduque al instante siguiente, trabajamos para asegurarnos nuestra propia sepultura, como si el recuerdo fuese eterno y no algo igualmente fugaz, algo cuyo devenir es el olvido entre una generación y otra, o, por qué no, la muerte del universo. La belleza es belleza en tanto perece, como el amor es amor en tanto que se apaga; y la vida es la vida en tanto que es única y, nuestro tiempo, limitado.
— Lo que acaba de decir, joven, es muy bello.
— Y por ello voy a dejar de hablar.
Darío y yo nos quedamos sentados contemplando cómo la marea iba, poco a poco, deshaciendo el castillo de arena. Se hizo un último silencio y ambos dejamos escapar unas efímeras lágrimas.

Sebastián J. 



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